MI VISION PERSONALISTA

En la visión personalista, que he fundado en los años setenta del novecientos, el ser humano no vive para sí, no hace del propio Yo el centro de todo, no une la vida a las propias necesidades, sino que está orientado al espiritu, a la conciencia. Centra la propia existencia en Dios.

RECONOCER HABER FALLADO

Pasa de equivocarse, pero es mucho más grave no reconocer el propio error y no dejarse purificar, madurar por ello.
Es necesario, pues, tener el valor de mirarse, de ponerse frente a sí mismos. Aceptar las propias sombras, los propios lados débiles, negativos. Pero, esto proceso de desenmascarar, no es posible con la sola fuerza del propio Yo. Sirve la ayuda de otro, de un “tu” que interpela.
El reconocer haber fallado debe ayudar a hacer morir la falsa conciencia de sí, para que se pueda nacer a nueva vida.

EL RECUERDO…LA MEMORIA

El escuchar permite la memoria.
El recuerdo, así como el escuchar, permite salir del egoísmo, de la clausura, nos hace valientes, disponibles, constructivos. En cada forma de neurósis hay siempre sentidos de omnipotencia, rechazo de los propios límites.
Sólo el error no olvidado permite un mayor conocimiento, una mayor aceptación de sí mismos y de los demás.

SABER ESCUCHAR

Para saber sonreir se necesita saber escuchar.
El poder del escuchar se encuentra en la abertura a mundos nuevos, por ejemplo lo del niño.
El poder del escuchar está más allá del Yo y es independiente del Yo.
Este descubrimiento de algo de diferente de sí mismos, más allá del Yo, no es fácil y es trabajo de toda la vida a través de un proceso de
vaciamiento, de renuncia a manipular la realidad para las propias intenciones egoistas.

LUNA NEGRA

Puerta cerrada
en el cielo
amanece
la luna negra
bordaste mi recuerdo
sobre la arena helada
¿Porqué lloras?

SABER SONREIR….HIJOS DE LA GRATUIDAD

Muchas personas no saben sonreir porque no son capaces de librarse de las ilusiones.
Ilusiones, imágenes, representaciones mentales que reflejan sólo los deseos del Yo y prescinden del otro, del mundo objetivo.
Las ilusiones revelan un Yo muy cerrado en sí mismo y no abierto a la relación.
La liberación de las ilusiones es una operación interior.
Saber sonreir significa pues no separarse de la totalidad, no olvidar de ser parte: no creerse auto-suficientes en lugar que hijos de la gratuidad.

LUNA ROJA

Muchos mails llegadas me felicitan por mis poemas, esto me motiva a escibir otros, de vez en cuando tengo la inspiración, claramente.

Viento oscuro
estrellas negras
sube la luna roja
sobre el estaño
a traspasar
los ojos apagados
sin luz.

Muchas madres y muchos padres

Muchas madres y muchos padres no saben sonreir porque no saben auto analizarse.
No reducen su narcisismo, la propia voluntad de potencia.
Para defender ésta imagen, no auténtica de sí mismos, proyectan sus necesidades interiores sobre quien está afuera, cerca ellos, los hijos, particularmente.
Se tendría que aprender que no somos omnipotentes y que la vida está marcada por el límite.
No somos todo, pero tenemos necesidad de todo.

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DETRÁS DE LA SONRISA…EL ENGAÑO

A veces, detrás de la sonrisa se esconde el engaño. Muchas personas a través de la sonrisa usan al otro. Para su propio interés, para satisfacer los propios fantasmas, para perseguir su propio placer.
A veces la sonrisa esconde la violencia.
En las relaciones afectivas, sobre todo, en las relaciones con los niños.
Hay personas malas que ensucian, aniquilan el alma de los propios semejantes.
La maldad se anida en los seres humanos, en sus relaciones, no en las cosas.
Una madre, por ejemplo, que esconde el engaño detrás de la sonrisa, traiciona a su niño, y el niño será condenado a traicionarse a sí mismo.

LA MADRE QUE NO SONRIE A SU NIÑO

Podemos decir que una madre que no sonríe a su niño, comete escandalosamente un pecado.
Pecado como visión deformada y distorsionada de sí mismo, no respetuosa de lo real, sea psiquico, sea espiritual.
No se sonríe porque se es sordo, porque no se sabe escuchar, porque se tiene un corazón endurecido, porque se es insensible.
Porque se cree estar en relación con el otro, mientras se permanece siempre y solo cerrado en sí mismo.