CIVILIZACION DE NIÑOS

Para la cultura en la que vivimos, insensible a la fascinación del misterio, todo lo que existe se reduce a materia para utilizar. La realidad es vivida y medida en relación a nuestras necesidades.
Se trata de una relación de no respeto, voraz, manipuladora, similar a la que un niño, en la fase narcisista, tiene con los propios diferentes objetos de amor. Estos sean la mamá, el papá, el hermano, unos juguetes o qualquier otra cosa, no poseen valor autónomo, sino que vienen percibidos en función del Yo del niño. Una relación similar hace daño no sólo a las cosas, porque vienen manipuladas y hechas vacías, sino particularmente a nosotros, que nos hacemos así incapaces de entrar en una relación de calidad diferente y más rica con el mundo circundante.

DE VICTIMAS A PERSONAS

Cuando se abdica a la asunción de las propias responsabilidades, al poder de asumir sobre sí el propio sufrimiento, nos sentimos impotentes.
Los problemas, pues, son en realidad signos, pruebas, a través de los cuales ejercitamos nuestro único y verdadero poder, que es el de afrontarlos.
Sólo en el vivir los problemas que encontramos nos formamos y asumimos la dignidad de ser personas.
No víctimas.

EN EL DECIDIR EL TIPO DE REACCIÓN ESTÁ NUESTRA LIBERTAD

Sobre todo en nuestras reacciones, nuestras respuestas, comportamientos, pensamientos frente a los problemas causados por los demás, por la vida, nos indicarán y revelarán nuestro ser, nuestra verdadera personalidad. En fondo, en el hecho de decidir el tipo de reacción está nuestra libertad

ENCUENTROS DE VIAJE

Estamos aquí de viaje.
En esta mi visión, entonces, los problemas toman un significado particular, vital, de guía, de orientación, un sentido formativo, esencial, personal.
Las personas que encontramos y las dificultades que derivan son parte integrante del sentido que daremos a nosotros mismos, a nuestra existencia.

DAR SENTIDO A LA PROPIA NATURALEZA

Más allá de vivir una existencia éticamente planteada, tenemos que vivir para atestiguar lo que somos.
Cueste lo que cueste.
Mejor dar sentido al carácter, a la naturaleza con la que nacimos, explorarlos para aceptar las partes más débiles, más frágiles, más negativas, para mejorarlas, para darles nuevo significado.

NO REDUCIR RIESGOS

El problema es que la mayor parte de nosotros plantea la propia existencia sobre la reducción del riesgo, de la responsabilidad.
Queremos vivir tranquilos.
Renunciamos a las infinitas potencialidades que Dios nos ha dado, con el fin de no tener sufrimiento y miedo.

EL TRUCO DE TOMAR TIEMPO

Uno de los trucos para saber vivir es el de permanecer frente a los problemas. Tomar todo el tiempo que sirve para dar sentido a un problema.
Muchas veces frente a los problemas interpersonales sentimos de no hacerla, de no poder comprender, de no lograr resultados positivos, pero la verdad es que no dedicamos el tiempo necesario para analizarlos, estudiarlos, comprenderlos.
Para darles un sentido.

SUFRIMIENTO Y CRECIMIENTO

Quien no vive el sufrimiento causado por los problemas no puede crecer.
El sufrimiento que vivimos cuando nos sentimos aplastados por los problemas, impotentes, pequeños, débiles, es tan grande que quisieramos que se alejaran de prisa, se resolvieran velozmente, imediatamente.
Pero no es así.

UNA VIDA DE PROBLEMAS

Muchos creen que la vida es difícil sólo para ellos.
Olvidan que la vida es difícil para todos.
Nadie está excluido.
Otros creen que la vida es sin problemas, o buscan eliminar totalmente sus problemas.
No es posible.
La vida es una secuencia contínua de problemas.
Los problemas producen ánimo, conciencia, sentido.
Por desgracia, si no son afrontados producen soledad, angustia, desesperación.

DIOS EN SILENCIO…

En mi visión Dios permanece muchas veces en silencio.
¿Quién puede decir haber escuchado la voz de Dios? ¿Quién puede estar tan seguro de no confundirla con los propios fantasmas, con los propios delirios, con la propia neurosis?
Pero Dios, para mi, habla. A través de otros seres humanos.
Sobre todo los más débiles.
Son ellos los que nos obligan a salir de nosotros mismos.
Son ellos los que nos hacen sonreir con un corazón limpio, sin engaño.